sábado, 24 de octubre de 2015

La putrefacción chavista / Por @omargonzalez6

Por Omar González Moreno / @omargonzalez6

Enrique Krauze es un escritor, historiador, ingeniero y académico que ha escrito más de 20 tratados sobre el poder y sus protagonistas. Krauze es mexicano de nacimiento pero se ha convertido en una verdadera enciclopedia de conocimiento  sobre el chavismo venezolano y sus principales personajes.  La historia de la  llamada Revolución Bolivariana y el Socialismo del Siglo XXI no tienen secretos para él y dudo que alguien haya estudiado este proceso con mayor detenimiento y capacidad analítica que él.

En una reciente entrevista con motivo de la redición de su libro “El poder y el delirio”, Krauze sentencio que en el ejercicio de la presidencia de Venezuela Maduro se ha quedado absolutamente desnudo, aunque todavía tenga el micrófono en la mano. Precisó que Maduro no es Chávez y que el carisma no se transmite. También afirmo que Chávez no fue sanguinario y que Maduro sí, y que no cree que Chávez hubiera encarcelado a Leopoldo López o a Ledezma. Apuntó que Chávez fue un hombre mucho más inteligente y maquiavélico que Maduro.

Este famoso historiador y analista describe así ese antro pavoroso en el que se ha convertido el PSUV y sus aliados del llamado Polo Patriótico, una organización donde alguna vez reinó la solidaridad y la camaradería, pero que ahora despide un fuerte olor a putrefacción, lo que nos recuerda que los acuerdos políticos también se pudren, y que esta situación de confrontación y desengaños, seguramente desembocará en un estallido interno o rompimiento hacia adentro debido a la insoportable presión interna y externa que enfrenta.

Incluso en otro trabajo reciente, Enrique Krauze pronostica que estas complicaciones pueden favorecer finalmente al candidato menos atractivo del chavismo, a Diosdado Cabello, sin descartar -por supuesto- un triunfo de la oposición. En cualquier caso, cree que el escenario en Venezuela esta signado por el cambio. Esto ha provocado pánico en las filas del chavismo.

Es por eso que un fuerte olor a podredumbre ronda desde hace cierto tiempo al régimen Madurista. Se trata de un hedor muy parecido al de un cuerpo en proceso de descomposición. Un tufo de algo muy corrompido que impregna las instituciones fundamentales que lo sustenta, entre ellas al Consejo Nacional Electoral, Tribunal Supremo de Justicia, Asamblea Nacional y, por supuesto, al Poder Ejecutivo.

Esa pestilencia, señal inequívoca de cesación, deceso y ruina; se evidencia en el incremento de la persecución a empresarios, periodistas y opositores políticos, en el anuncio de medidas efectistas como el aumento del salario mínimo en 30 % cuando la inflación del país es del 200 % y, sobre todo, en la transformación en buitres de hombres y mujeres que decían estar dispuestos a dar la vida
por la revolución y el socialismo y que ahora se comportan como aves de rapiña que buscan arrancar a picotazos lo que queda del erario público.

Esa hediondez característica de la putrefacción aumenta en la medida en que se acercan las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre  y quedan expuestas las evidencias de que están aterrados, aunque algunos aparezcan en público con una sonrisita plástica en el rostro, con casco y uniforme de obreros,  pero por debajo, bien oculto, use pañales reforzados hechos a la medida.

La transmutación de la macollita que ha destruido el país, en una especie de gallinero encaramado en un palo, se acelera con la difusión de las últimas encuestas según los cuales el oficialismo perderá esas elecciones por paliza. Esos sondeos señalan claramente que  7 u 8 de cada 10 electores quieren un cambio y que votará en las elecciones parlamentarias para que ese cambio se inicie cuanto antes.

Además, la inminente derrota se ha convertido en un latigazo que produce terribles sacudidas internas,  como la división en las filas del oficialismo, la pena de muerte contra las pandillas de delincuentes que eran sus aliados, la persecución contra los pobres que ahora se dedican a revender productos subsidiados y la deportación masiva de extranjeros que fueron cedulados de manera exprés para que votaran por ellos.

Entre los retorcijones que les provoca el pánico, también hay que anotar el empeño de imponer a sus “patriotas cooperantes”, comprados por el Psuv,  para colocarlos como candidatos de la oposición, vía Tribunal Supremo de Justicia, y la negativa de invitar a verdaderos observadores internacionales para las elecciones entre otros síntomas.

Todo esto hace imposible no pensar que el llamado chavismo se ha descompuesto tanto que está podrido, hinchado, con un insoportable amontonamiento de gases que comienzan a salir por todos los orificios del tejido social venezolano y que los insectos parasitarios están devorándolo.

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