martes, 17 de noviembre de 2015

#Opinión Patriotas Cooperantes, Narcotráfico y Revolución / Por @richcasanova

Por Richard Casanova / @richcasanova

El “imperio” tiene vasta experiencia recibiendo a “patriotas cooperantes” y Leamsi Salazar –ex escolta de Diosdado Cabello- no es el primero y mucho menos será el último, lo cual debe quitarle el sueño a más de uno.  En 1986 el Mayor Rodríguez Menier, abandonó su centro de espionaje en Hungría y desertó del servicio de inteligencia cubano para vivir bajo protección federal en EEUU y proveer información sobre las operaciones de narcotráfico en Cuba, incluso testificó en cortes francesas en el caso del terrorista Carlos “El Chacal”, agente de origen venezolano al servicio de La Habana y pariente de algunos facinerosos rojos, por cierto.

Para Rodríguez Menier, la revolución comenzó a involucrarse en el narcotráfico durante la década del 70 y en algunas de las publicaciones del intelectual Marcelo Fernandez-Zayas, se certifica que fue a principio de los años 80, por lo menos.  Hay testimonios de que el colombiano Fabio Vázquez Castaño, representando a movimientos insurgentes de su país, contactó a Manuel Piñeiro Losada –el famoso “Barba Roja” de la Sección de Inteligencia del Partido Comunista Cubano- para proponer la adquisición de armas vía Cuba para la lucha armada en Colombia y el pago en cocaína.  Al comunicar la propuesta, Barba Roja argumentó que las drogas irían finalmente a EEUU, siendo un elemento desestabilizador del gobierno y de la sociedad de ese país. Además, la cocaína era una suerte de moneda convertible que ayudaría a las finanzas cubanas y con esta operación se apoyaba a los rebeldes colombianos. El negocio fue aprobado por la más alta jerarquía la revolución: Fidel Castro, su hermano Raúl y el general José “Pepe” Abrahantes, a la sazón Ministro del Interior.  De las confidencias de Leamsi Salazar a las autoridades norteamericanas –según relata en su libro el periodista Emili J. Blasco- uno puede concluir que aquellos argumentos se mantienen vigentes para la casta revolucionaria criolla.  Pero antes y ahora, este negocio terminó alimentado la insaciable voracidad de una cúpula tremendamente corrupta, supeditando el objetivo político al capitalista interés mercantil.  ¿Le suena familiar a mis amables lectores? Lógicamente pues la “revolución bolivariana” está bajo la tutoría del poder cubano.

En estas oscuras operaciones siempre se involucra a familia o gente del entorno más íntimo, quienes muchas veces son después sacrificados para salvar a la revolución. Tal fue el caso del propio “Pepe” Abrahantes, sospechosamente muerto en prisión.  O el fusilamiento del  General Arnaldo Ochoa –héroe de la revolución cubana - y tres oficiales más acusados de narcotráfico, incluido Tony De la Guardia, hombre con mucho poder que manejaba asuntos personales de Fidel y hasta permanecía en su habitación cuando éste se bañaba y se vestía.  Abrahantes no sólo era Ministro del Interior, sino jefe de la guardia personal de Castro, desayunaban juntos y llevaba consigo las medicinas de Fidel.  Como si fueran sus hijos o sus sobrinos más queridos, De La Guardia y “Pepe” Abrahantes tenían una relación muy íntima con Fidel pero ella no impidió que luego fueran sacrificados en nombre de la revolución o quizás anticipándose a la traición.  En algunas esferas de poder en Venezuela se preguntan hoy ¿quién sacrifica a quien?  Les angustia que cualquiera puede convertirse de pronto en “patriota cooperante” de la DEA…  ¡Así ha sido siempre!

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