viernes, 7 de octubre de 2016

Guerra en el PSUV acelerará el cambio de gobierno


“Al cabo que ni quería”, era la frase de El Chavo del 8, cuando Kico le ofrecía una “lambida” de su paleta y luego le decía que no le daría, vil engaño. A eso ha llegado uno de los más radicales del PSUV, Diosdado Cabello. Su grupo azuzaba la semana pasada que si se hace el referendo contra Nicolás Maduro, la población lo estaría “eligiendo” como presidente, porque el militar debía ser el nuevo vicepresidente y estos apuestan a que la consulta se haga en 2017. Si no fuera por la tragedia que vive el pueblo de Venezuela, el desmadre que hay dentro del PSUV, fuera una tragicomedia, con un libreto que ni la creatividad que tenía Roberto Gómez Bolaños hubiese creado.

En 2017, la situación económica, con el PSUV aun en el gobierno, mantiene activa la posibilidad del estallido social

Luego Nicolás Maduro, dejó claro, que el sucesor es Aristóbulo Istúriz, a quien ha dejado encargado de lo que su comandante Hugo Chávez le dejó como responsabilidad. Cabello hace enormes esfuerzos para contenerse en lo interno, está llevando “palo” duro, muchas de sus fichas en varios sectores de la administración pública caen como moscas, pero aguanta en silencio, sabe que si responde públicamente, confirmará lo que ya todos saben: la fuerte división y ruptura del PSUV. Es él quien llama a la unidad, es quien ha pedido perdón y ofrece darlo, “no importa si usted me ha dicho a mi barriga verde, no importa, vamos a unirnos”. En estos tiempos de definiciones, en que tarde o temprano al mundo y al país, se le tendrá que mostrar culpables, el grupo radical sospecha ser el que pague todo y que la trama se dirige hacia eso. Pero es tarde, ese sector, que se comió el pastel más grande, prácticamente solito, no logra adhesiones, porque en el PSUV hay quienes señalan que ahora que sólo quedan migajas, “ahora si vienen con planteamientos de unidad, cuando se sentía todopoderosos, nos pateaban a todos”. “No nos tiraron ni la concha del cambur, ahora que tienen el agua al cuello, si piden que nos unamos a ellos”. Es obvio que eso suceda, sobre todo cuando hay un amplio sector civilista, que dentro del PSUV aun creen poder rescatarlo del desastre en el que lo hundieron Cabello y Maduro juntos. No es una casualidad, que Maduro haya espetado su decisión, cubriéndose el rostro con las redes sociales, luego que regresara de la reunión con John Kerry en Colombia. Tampoco es casual, que el embajador propuesto por EEUU para Cuba, sea anti-narcóticos, lo que tiene un mensaje claro: en Cuba no entrarán todos a resguardo.

Para la oposición más fácil
Entonces lo que viene. Si se hace el referendo en 2016 y se produce el cambio del gobierno, la Unidad Democrática accederá al poder en las elecciones presidenciales. Para entonces, ya el país tendría prácticamente muy pocas divisas, e iría directo al impago de deuda para abril de 2017. Aunque un gobierno nuevo, recién legitimado y con apoyo de la Asamblea Nacional (AN), podría renegociar la deuda de 2017 y los años siguientes, para aliviar la presión que hay en cuanto a la escasez y la indetenible inflación, además de los ajustes que igual tocará hacer, respecto al precio del dólar y de la gasolina. El gobierno y la AN tendrían que unir esfuerzos de emergencia, para lograr un cambio sustancial del aspecto jurídico que impide la inversión extranjera en Venezuela, además de aclarar cuentas para lograr créditos de tipo rescate internacional, provenientes de los entes multilaterales.

El estallido social pendiente
El ajuste económico y la realidad que tocará a los venezolanos, luego de noviembre de este año será atroz, muy fuerte, por lo que los militares, ese sector institucional aun no pueden “cantar victoria”, sobre la situación de estallido social, que sólo fue pospuesto de ocurrir a mediados de este año, luego que se abrieron las fronteras y se liberaron los precios, si bien ahora llegan alimentos del extranjero, los precios de estos son igualmente inalcanzables para una enorme mayoría que raya en 70% de la población. Una administración pública en total ruina, con grandes dificultades para pagar sueldos y salarios, para gobernar, para ejecutar obras, tendrá que hacer una reforma, por lo que no se descarta que el latente estallido social, pueda ocurrir a partir del primer trimestre del año próximo, luego que no quede dinero en las arcas venezolanas, ni para eso, ni para pagar deuda, por el arrase del chavismo.

El Apocalípsis que nadie quiere
Si el referendo logra llevarse hasta 2017, porque quiérase o no, referendo habrá, en 2016 o en 2017, ya que el sector moderado del PSUV, lo apoya, en función de ver como el grupo que puja por la salida de Maduro, intenta salvarse de la debacle total del partido. El chavismo en continuismo no genera confianza, el sector civilista tendría que divorciarse totalmente de Cuba y limpiar a la administración pública de la corruptela, además de producir cambios sustanciales que irían en contra de su discurso político. Un partido que hoy es rechazado por 85% de la población, con una Asamblea Nacional (AN) en contra, la comunidad internacional, con las arcas vacías, y con militares que ya no apoyan incondicionalmente, no podría aplicar ajustes económicos que son obligatorios, porque la reacción de la población reactivaría el estallido social y los militares tendrán que intervenir o decidir si reprimen masivamente al pueblo o ayudan a producir el cambio definitivo. Si el sector del PSUV, moderado logra sostenerse en el poder en 2017, tendrá que enfrentar el impago de deuda, que tendrá peores consecuencias, ya que para lograr renegociar los títulos de la República, requieren, como lo han exigido en los mercados, y hasta los propios chinos, que la AN, dé el visto bueno a la reestructuración. El sector radical del chavismo, a estas alturas, ya no tiene posibilidades de ser gobierno, está siendo desmantelada de manera lenta y progresiva, para evitar situaciones fuera de control.

El país se dirige a una nueva coyuntura, explosiva, de decisiones y definiciones. Hay conversaciones en todo sentido, es demasiado lo que está en riesgo con la disolución del chavismo en el poder, los que están más complicados siguen exigiendo impunidad, la que tienen cada más lejos, porque inevitablemente se debilitan. Maduro, intenta salvar su pellejo a su manera, y el sector moderado, hace lo mismo. El resto que vea como soluciona.

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