sábado, 3 de mayo de 2014

Opinión: Salario y Pobreza

Por Richard Casanova

Nicolás Maduro fue un dirigente sindical mediocre y un reposero de postín pero la propaganda oficial quiere mostrarlo como el "presidente obrero", una suerte de Lula Da Silva o Lech Walesa, será inútil.  Nadie se come el cuento, la solidaridad con la clase trabajadora no es un asunto de retórica sino de políticas públicas y resultados concretos.  La terca realidad nos demuestra que durante el "gobierno obrerista" de Maduro, los trabajadores han vivido su peor momento y son las principales víctimas de este régimen cubano-militar. 

En efecto, el descalabro en la calidad de vida de la población venezolana -particularmente de los más pobres y la clase media- ha sido pavoroso durante estos últimos meses. Más que un dato estadístico, la inflación y la escasez son realidades que golpean el estómago de la clase trabajadora.  La pérdida de puestos de trabajo y la precarización del empleo, son una consecuencia directa de la errática política económica y de toda esa alucinación comunistoide expresada en la invasión de fincas, la expropiación de empresas y el hostigamiento a los sectores productivos, lo cual terminó destruyendo la economía y arruinando al país. ‎Así las cosas, hoy el "presidente obrero" engaña a los trabajadores con un aumento del 30% que es devorado por la inflación antes de hacerse efectivo.  

La pobreza no está solo referida al salario. Con un país sin capacidad de producción y un Estado que importa desde repuestos y alimentos hasta el papel tualé‎, cualquier aumento salarial puede convertirse en “sal y agua” para los trabajadores y ser una estocada mortal para las pocas empresas realmente productivas que quedan en pie.  Es decir, el problema no es cuanto se incrementa el salario sino como revertir las nefastas políticas económicas que han empobrecido a la Nación y tal cosa, no es posible con este gobierno incapaz de generar la confianza necesaria para reactivar a la industria y al sector agropecuario. Por eso debemos concluir que la crisis es muy grave, no es coyuntural y tiende a agudizarse.  Que una de las más sólidas empresas alimenticias de América Latina (Polar) deba paralizar la producción de pastas, es un indicador de lo que viene. 

El pronóstico es desolador pero el gobierno parece no entender la situación en que se encuentra. Cree que puede resolver todo prohibiendo las protestas o radicalizando sus posturas. Dando bandazos, de error en error, al gobierno se le cierran las puertas del futuro y el sentimiento de cambio crece como una ola en medio de la tempestad.

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